Pasé muchos años compartiendo agujeros con varias personas, donde los maltrechos colchones valían para todo menos para dormir y todo eran espacios comunitarios. Nada de eso importaba. Llegar a casa suponía una sorpresa con forma de gente fumando, bebiendo o acabando el último cartón de leche y que secuestraban a una tranquilidad amordazada.
Nunca pensé en vivir en una casa bonita, con una cocina grande y donde la luz te molestara al atardecer. Ahora está ocurriendo. Cada día voy a ver el cadáver de mi antigua casa y me sorprendo al descubrir que una nueva está surgiendo en su lugar.
Los tabiques han cambiado de sitio, en el baño ya no es necesario desmontar el water para que la cisterna se llene y, por las ventanas, la lluvia ya no encuentra la manera de colarse dentro.
Lo mismo ha pasado conmigo durante estos años. He abierto huecos en mi vida que han sido llenados con cemento y tras eliminar mi capa de gotelé, la pintura nueva me ha dado un nuevo aire que, a pesar de todo, no puede tapar algunas cicatrices y esas prominentes arrugas bajo los ojos.
Una casa tiene tanto de uno mismo que por mucho que lo intentemos, no podemos sentirnos igual en otro lado. Volver a casa. Ese es el pensamiento estacionado en nuestra cabeza cada día después de acabar el maldito curro y a la vuelta de las merecidas vacaciones Sólo ahí podemos estirar las piernas, respirar y escuchar el "In the Wee Small Hours" en compañía de quién queramos. O mejor a solas.
Como nosotros, las casas van envejeciendo, las hortensias se secan al sol del verano y las golondrinas abandonan el nido en cuanto aprenden a volar.
A pesar de todo, si los pilares están bien anclados en el suelo, las casas aguantarán el paso del tiempo y los demás se acordarán de nosotros cuando ya no estemos por aquí.
" Primavera en el hogar. No hay nada y sin embargo hay de todo" Shiki Masaoka
Rock and Roll
Las luces se apagan. La espera ha terminado y el tiempo deja de tener el mismo valor. Lo que viene a continuación ha estado precedido de resoplidos, nervios, de asegurarse que las cordones de las Converse están fijados con doble nudo y de que el móvil y la cartera están a buen recaudo en el fondo del bolsillo. Notas como la presión de la gente te retuerce el pescuezo y como todos y cada uno de los presentes comparten un objetivo común. Disfrutar de un concierto de Rock and Roll sin máscara de ojos. Nosotros y el Rock and Roll.
Se encienden las luces de nuevo y la primera nota ilumina la espera. Miles de personas se mueven al mismo compás y solamente tienes dos posibilidades. Brincar al ritmo de la masa o tirar la toalla y parapetarte cerca del surtidor de Mahou. Hoy he querido abandonar la retaguardia y decido frotar mi cuerpo contra el de los demás. Siento cómo me patean, cómo el aliento del gordo de turno me calienta la nuca, cómo mis piernas pueden a duras penas mantener el equilibrio en un lugar que funciona con las reglas impuestas por el compás de la música. Apenas puedo respirar y salto en busca del oxígeno que me permitirá aguantar la respiración un minuto más. Estoy exhausto pero no puedo dejarlo porque “Know your Enemy” me golpea en toda la nariz. Ya no sudo. Ahora toda mi piel está cubierta de una mezcla de arena, agua, cerveza y dióxido de carbono con forma de vapor. Tengo que aguantar.
Tras perder el control regreso a la realidad y busco el camino de vuelta a las trincheras. La tregua ha llegado. La música es mi guerra y probablemente el arma más poderosa que tenemos para conseguir olvidarnos de que el lunes todo volverá a ser jodidamente gris. Todo menos la idea de volver a alistarme en ese ejército llamado Rock and Roll.
“ La música nunca puede ser mala, digan lo que digan del Rock and Roll” Elvis Presley
Se encienden las luces de nuevo y la primera nota ilumina la espera. Miles de personas se mueven al mismo compás y solamente tienes dos posibilidades. Brincar al ritmo de la masa o tirar la toalla y parapetarte cerca del surtidor de Mahou. Hoy he querido abandonar la retaguardia y decido frotar mi cuerpo contra el de los demás. Siento cómo me patean, cómo el aliento del gordo de turno me calienta la nuca, cómo mis piernas pueden a duras penas mantener el equilibrio en un lugar que funciona con las reglas impuestas por el compás de la música. Apenas puedo respirar y salto en busca del oxígeno que me permitirá aguantar la respiración un minuto más. Estoy exhausto pero no puedo dejarlo porque “Know your Enemy” me golpea en toda la nariz. Ya no sudo. Ahora toda mi piel está cubierta de una mezcla de arena, agua, cerveza y dióxido de carbono con forma de vapor. Tengo que aguantar.
Tras perder el control regreso a la realidad y busco el camino de vuelta a las trincheras. La tregua ha llegado. La música es mi guerra y probablemente el arma más poderosa que tenemos para conseguir olvidarnos de que el lunes todo volverá a ser jodidamente gris. Todo menos la idea de volver a alistarme en ese ejército llamado Rock and Roll.
“ La música nunca puede ser mala, digan lo que digan del Rock and Roll” Elvis Presley
No eres Dios
Carlos conducía plácidamente acompañado de su vástago y su chica. Carlos es un tipo grande, muy grande, y fiero, muy fiero, tanto que nadie ha sido capaz de moverle de su espacio en la tierra desde el día en que llegó a la misma.
Ningún obstáculo parece alejarle de su camino y de sus convicciones, que lleva marcadas a fuego lento. Es una roca y como tal, muy difícil de desquebrajar, incluso cuando el agua se cuela entre sus grietas.
Eso era cierto hasta que el otro día un mísero grano de polen estuvo a punto de acabar con todo en apenas unos segundos. Sufrió un colapso respiratorio por culpa de una alergia jamás tratada y el azar le condujo a esquivar el coche que circulaba plácidamente por el otro carril.
Todo acabó en la cuneta, en un reguero de sangre que brotaba de su nariz y en un “no sé que ha pasado”. Otro susto más con los que viene cargada la maldita y necesaria primavera.
Su vida no ha cambiado drásticamente desde aquel día pero durante unas horas algo le ha recordado, con unos golpecitos en el hombro, que es de carne y hueso y que su vida se encuentra siempre en el punto de mira de un tipo que anda escondido entre los tejados de esos edificios en ruinas. Tiene el arma cargada y siempre está listo para disparar.
Ninguno queremos que nos recuerden nuestra mortalidad a cada paso, pero no hay nada como ver la vida desde los ojos del César, que cada vez que entraba en la ciudad recientemente conquistada, era interrumpido de sus ensoñaciones por un enano, que al oído le repetía: “No eres Dios”.
“No quiero alcanzar la inmortalidad mediante mi trabajo, sino simplemente no muriendo” Woodie Allen
Ningún obstáculo parece alejarle de su camino y de sus convicciones, que lleva marcadas a fuego lento. Es una roca y como tal, muy difícil de desquebrajar, incluso cuando el agua se cuela entre sus grietas.
Eso era cierto hasta que el otro día un mísero grano de polen estuvo a punto de acabar con todo en apenas unos segundos. Sufrió un colapso respiratorio por culpa de una alergia jamás tratada y el azar le condujo a esquivar el coche que circulaba plácidamente por el otro carril.
Todo acabó en la cuneta, en un reguero de sangre que brotaba de su nariz y en un “no sé que ha pasado”. Otro susto más con los que viene cargada la maldita y necesaria primavera.
Su vida no ha cambiado drásticamente desde aquel día pero durante unas horas algo le ha recordado, con unos golpecitos en el hombro, que es de carne y hueso y que su vida se encuentra siempre en el punto de mira de un tipo que anda escondido entre los tejados de esos edificios en ruinas. Tiene el arma cargada y siempre está listo para disparar.
Ninguno queremos que nos recuerden nuestra mortalidad a cada paso, pero no hay nada como ver la vida desde los ojos del César, que cada vez que entraba en la ciudad recientemente conquistada, era interrumpido de sus ensoñaciones por un enano, que al oído le repetía: “No eres Dios”.
“No quiero alcanzar la inmortalidad mediante mi trabajo, sino simplemente no muriendo” Woodie Allen
Y tú, ¿ qué opinas?
El sneak preview, o pase clandestino, es una práctica que lleva años realizándose en el mundillo del cine. Se toma una muestra de público diverso, se les forra de palomitas y Toblerones y, acurrucados en sus butacas de felpa, disfrutan de un pase privado previo al estreno de la película. En función de lo que sus cráneos privilegiados escupan después de este visionado, se mantendrá o alterará el argumento o determinados pasajes de la película cambiarán.
Miguel Pita, director y guionista del video “Extraños en un tren”, tuvo la idea de recoger las opiniones de unas jovencitas y otras no tanto , que vieron el video antes de su montaje definitivo. Todas ellas no habían tenido el placer de conocerme previamente por lo que respondieron sin complejos.
Estas son sus respuestas, sin aditivos ni colorantes, ante la pregunta: ¿ Qué clase de persona intuyes que es el cantante?
Mujer, 34 años: soñador.
Mujer , 20 años: sensible.
Mujer, 60 años : un chico blando, pelín pesado.
Mujer 24 años: cantautor enamoradizo, con miedo actuar ante un “no” por respuesta.
Mujer 22 años: un tipo normal.
Mujer, 25 años: un músico bohemio, medio desastre.
Mujer, 22 años: un poco tímido, opino que no le costará ligar. Tal vez mayor para ese rollo ligón.
Y tú, ¿ qué opinas?. No os cortéis un pelo y dadme verdades como puños. A la respuesta más original le invito a un pedo gastronómico en el SIDI. Palabra de RAT, ese tipo bohemio, pelín pesado y un poco mayor para ese rollo ligón.
“La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad” Francis Bacon
Miguel Pita, director y guionista del video “Extraños en un tren”, tuvo la idea de recoger las opiniones de unas jovencitas y otras no tanto , que vieron el video antes de su montaje definitivo. Todas ellas no habían tenido el placer de conocerme previamente por lo que respondieron sin complejos.
Estas son sus respuestas, sin aditivos ni colorantes, ante la pregunta: ¿ Qué clase de persona intuyes que es el cantante?
Mujer, 34 años: soñador.
Mujer , 20 años: sensible.
Mujer, 60 años : un chico blando, pelín pesado.
Mujer 24 años: cantautor enamoradizo, con miedo actuar ante un “no” por respuesta.
Mujer 22 años: un tipo normal.
Mujer, 25 años: un músico bohemio, medio desastre.
Mujer, 22 años: un poco tímido, opino que no le costará ligar. Tal vez mayor para ese rollo ligón.
Y tú, ¿ qué opinas?. No os cortéis un pelo y dadme verdades como puños. A la respuesta más original le invito a un pedo gastronómico en el SIDI. Palabra de RAT, ese tipo bohemio, pelín pesado y un poco mayor para ese rollo ligón.
“La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad” Francis Bacon
Mortales y los otros
Siempre ha habido clases y clases. Ciudadanos de segunda y otros que apenas tocan el suelo con sus dedos gordos del pié. Ambos comparten el mismo genotipo pero su ADN es diferente. Ambos son amasijos de carne, yendo al W.C. varias veces al día y bombeando sangre 70 veces por minuto hacia sus maltrechos corazones, pero existe un elemento diferenciador que sitúa a unos en la cima y a otros en las alcantarillas.
Tatchan!!!!! El jodido dinero y el poder que este papel sobado otorga a su portador.
Parece ser que aquellos que lo poseen son individuos intocables, una especie de monarcas elegidos por la gloria de Dios, y cuyo diccionario no incluye la palabra NO.
Olvídate de lo que estás haciendo, es íntimo del director y posee una fortuna incalculable. Sal ahí y saca tu lengua para complacer todos sus deseos- se oye por los burladeros empresariales a su paso.
Empujados por esa responsabilidad irreal, uno, que no deja de ser un simple asalariado por una actividad destinada a los bufones de la corte, se acerca a esos semidioses con la sensación de que cada palabra es determinante para mantenerlos contentos.
La sensación se hace incluso dolorosa cuando llega el momento del no.
-No, no nos queda- está considerado como un ultraje, una ofensa personal contra estos manitús que lo quieren todo aquí y ahora y si no hay, pues lo pintas.
Todo empeora cuando, mirando a tu alrededor, la admiración hacia ellos se puede rajar con un cuchillo. ¿Admirarles por tener dinero?. Creo que me he perdido.....
Yo admiro a Bukowsky, Ginsberg, Hendrix, Morrison, Basquiat, Rimbaud y un largo etcétera de negros, maricones y drogadictos que fueron rechazados de pleno por esta jerarquía de adinerados. Ellos no frecuentaban las fiestas bañadas con Cristal, y casi siempre olvidaban sus carteras en la barra de un bar, pero desde sus alcantarillas observaban todas las noches las estrellas.
“ El dinero no es nada, pero mucho dinero, eso ya es otra cosa” George Bernard Shaw
Tatchan!!!!! El jodido dinero y el poder que este papel sobado otorga a su portador.
Parece ser que aquellos que lo poseen son individuos intocables, una especie de monarcas elegidos por la gloria de Dios, y cuyo diccionario no incluye la palabra NO.
Olvídate de lo que estás haciendo, es íntimo del director y posee una fortuna incalculable. Sal ahí y saca tu lengua para complacer todos sus deseos- se oye por los burladeros empresariales a su paso.
Empujados por esa responsabilidad irreal, uno, que no deja de ser un simple asalariado por una actividad destinada a los bufones de la corte, se acerca a esos semidioses con la sensación de que cada palabra es determinante para mantenerlos contentos.
La sensación se hace incluso dolorosa cuando llega el momento del no.
-No, no nos queda- está considerado como un ultraje, una ofensa personal contra estos manitús que lo quieren todo aquí y ahora y si no hay, pues lo pintas.
Todo empeora cuando, mirando a tu alrededor, la admiración hacia ellos se puede rajar con un cuchillo. ¿Admirarles por tener dinero?. Creo que me he perdido.....
Yo admiro a Bukowsky, Ginsberg, Hendrix, Morrison, Basquiat, Rimbaud y un largo etcétera de negros, maricones y drogadictos que fueron rechazados de pleno por esta jerarquía de adinerados. Ellos no frecuentaban las fiestas bañadas con Cristal, y casi siempre olvidaban sus carteras en la barra de un bar, pero desde sus alcantarillas observaban todas las noches las estrellas.
“ El dinero no es nada, pero mucho dinero, eso ya es otra cosa” George Bernard Shaw
Le llaman Rufus
Llevaba tiempo buscándolo. Removí Roma con Las Vegas y miré debajo de la cama si por una casualidad allí aparecía. Pero, como cuando llega el amor, lo encontré en un teatro con aroma a circo. Le llaman Rufus y le apellidan con el impronunciable Wainwright. Es músico y el miércoles si hizo acompañar por un piano de cola y un largo vestido que recordaba a la bruja mala de la Bella Durmiente.
Ahí estaba él, con los ojos cerrados y solicitando que nos guardáramos las palmas de las manos en los bolsillos entre canción y canción, por aquello de no romper la magia.
Madre mía, otra vez un tipo que se toma demasiado en serio- pensaba mientras me recostaba en mi potro de tortura y apoyaba mi cabeza sobre el respaldo del vecino de enfrente.
Fueron 30 minutos de silencio roto por sus canciones y el color negro del escenario. No hubo gestos, ni el mínimo contacto con su audiencia. Tocaba para él y nadie más.
Llegó el fin de la primera parte. Una cerveza a medias y sonaba la campana que daba inicio al segundo pase.
En el escenario, Rufus, pero distinto del que acabábamos de ver tocado con plumas.. Ahora sonreía, contaba historias, se equivocaba, se acordaba de su madre, fallecida apenas unos meses. Tocaba para todos y cada uno de nosotros. Era humano, frágil, simpático, espontáneo, en las antípodas del primer Rufus.
Fue ahí cuando me di cuenta del hallazgo. Era la primera vez que veía dos caras de un mismo músico tan opuestas y a la vez tan complementarias. Dos caras que pueden ser dos caretas pero al mismo tiempo tan reales como la que tiene cuando se toma la última en algún bar de la 5ª Avenida de NY.
Todos tenemos muchas caras, dependiendo del segundo en el que estemos, pero pocos somos capaces de mostrarlas públicamente y convencer a todos de que lo que allí ha pasado a sido algo real. De nosotros depende.
Un viejo estaba hablando con su nieto. Le decía:
- "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión".
El nieto preguntó:"Abuelo, dime, Cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?. El abuelo contestó:-Aquel que yo alimente" Proverbio Indio
Ahí estaba él, con los ojos cerrados y solicitando que nos guardáramos las palmas de las manos en los bolsillos entre canción y canción, por aquello de no romper la magia.
Madre mía, otra vez un tipo que se toma demasiado en serio- pensaba mientras me recostaba en mi potro de tortura y apoyaba mi cabeza sobre el respaldo del vecino de enfrente.
Fueron 30 minutos de silencio roto por sus canciones y el color negro del escenario. No hubo gestos, ni el mínimo contacto con su audiencia. Tocaba para él y nadie más.
Llegó el fin de la primera parte. Una cerveza a medias y sonaba la campana que daba inicio al segundo pase.
En el escenario, Rufus, pero distinto del que acabábamos de ver tocado con plumas.. Ahora sonreía, contaba historias, se equivocaba, se acordaba de su madre, fallecida apenas unos meses. Tocaba para todos y cada uno de nosotros. Era humano, frágil, simpático, espontáneo, en las antípodas del primer Rufus.
Fue ahí cuando me di cuenta del hallazgo. Era la primera vez que veía dos caras de un mismo músico tan opuestas y a la vez tan complementarias. Dos caras que pueden ser dos caretas pero al mismo tiempo tan reales como la que tiene cuando se toma la última en algún bar de la 5ª Avenida de NY.
Todos tenemos muchas caras, dependiendo del segundo en el que estemos, pero pocos somos capaces de mostrarlas públicamente y convencer a todos de que lo que allí ha pasado a sido algo real. De nosotros depende.
Un viejo estaba hablando con su nieto. Le decía:
- "Me siento como si tuviera dos lobos peleando en mi corazón. Uno de los dos es un lobo enojado, violento y vengador. El otro está lleno de amor y compasión".
El nieto preguntó:"Abuelo, dime, Cuál de los dos lobos ganará la pelea en tu corazón?. El abuelo contestó:-Aquel que yo alimente" Proverbio Indio
EL eterno retorno


23 años y una historia similar separan y unen estas dos fotos. El alma del Boss fue robada a la salida de un concierto con la E Street Band, en un periodo en el que éste fue condenado legalmente a no poder grabar y a tocar compulsivamente para no morir en el intento. Ya en el 76, su eterno secuaz Little Steven le cubría las espaldas en todos sus shows y en esta foto hace lo propio. A la derecha del padre, los afortunados que esperan la salida del último gran icono americano, entonces un tipo con pinta de camionero adolescente.
23 años más tarde la imagen se repite, cambiando las calles de Nueva York por las de Madrid. Ahora es el Vanity Fer quien desafía a la cámara con su pose de Jesucristo agitanado. La misma mirada, la misma intensidad y el mismo cuero negro protegiéndole del invierno de la Gran Vía. A su diestra, Rat y su cara de galán forzado y algo tocado tras haber expiado sus demonios en uno de sus últimos conciertos en la capital.
Completa el flashazo un diamante pulido y borracho de talento y generosidad llamado Pablo y una puta rumana con cara de iros al infierno.
23 años son muchos y al mismo tiempo son nada. Seguimos teniendo la suerte de salir a al calor de la noche tras un concierto y seguir desafiando al destino todos los días en busca de aquello que más deseamos. Da lo mismo que todo esté en nuestra contra y que sólo contemos con la ayuda de un puñado de amigos dispuestos a hacer cualquier cosa por unas cervezas y un pincho de tortilla. Mientras haya fuego en la mirada de alguno seremos capaces de repetir esta fotografía cada cierto tiempo.
El final será distinto y otros actores interpretarán a los personajes pero la historia será la misma día tras día, año tras año, repitiéndose en un eterno retorno.
"Evidentemente, la vida es un largo proceso de deterioro" F. S. Fitzgerald
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